Para quienes aman a Dios, todo contribuye para su mayor bien: Dios endereza absolutamente todas las cosas para su provecho, de suerte que aún a quienes se desvían y extralimitan, los hace progresar en la virtud, porque se vuelven más humildes y experimentados.

SAN AGUSTÍN

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viernes, 17 de enero de 2014

Valledupar

POR: ALONSO SÁNCHEZ BAUTE
(tomado de: http://www.elheraldo.co/columnas-de-opinion/valledupar-138780)


Fernando Dangond cantaba hace unos años “Ya no hay casitas de bahareque, se llena el Valle más de luces”. Si regresara a su pueblo luego de vivir desde entonces en NYC, a mi amigo de la infancia habría que hacerle un tour por la ciudad, mostrándole que del pueblo de sus añoranzas no queda más que el nombre.

Valledupar parece una ciudad sin dolientes. Del planificado trazado de calles y avenidas de hace unos años, queda muy poco.

La ciudad está creciendo desproporcionalmente y la dirigencia local, en lugar de encausar ese crecimiento, se pliega en sus hombros.

Con el exceso de soluciones de vivienda, el alcalde Socarrás está ensemillando lo que en veinte años nadie le agradecerá. Y no solo en las clases populares: Novalito, un barrio sin terminar, está viendo destruir casas con menos de dos décadas para levantar altísimos edificios.

La construcción genera trabajo hoy –el desempleo bajó dos dígitos– pero encarece el mañana. Esos ‘rascacielos’ alimentan una burbuja económica y enquistan viejos problemas sin resolver, aumentando la red de servicios públicos domiciliarios y generando caos vehicular en unas vías que, hace marras, se quedaron cortas.

A esto se suma la falta de cultura ciudadana, el desborde de la inseguridad y la suciedad de las vías (con la excusa de “Es tiempo de fiestas”, Cinco esquinas y la calle del Cesar apestan: precisamente por tratarse de esta fecha, cuando abunda el turismo, deberían estar impolutas, ¿o alguien recibe visitas con su casa sucia?).

Valledupar se jacta de su arborización pero –como no da votos– carece de parques. Donde podrían construirse (la antigua electrificadora, el Idema o Cicolac), pronto se levantarán espigadas torres (al alcalde deberían contarle que el Central Park data de 1853).

Para colmo, con estruendo de decibeles, el parque paralelo al Guatapurí, un bello proyecto que debería servir más al sano esparcimiento, semeja una caseta en los estertores de una gran fiesta, mientras que el legendario río cada vez se convierte en un fino y delgado hilo del que solo sobresalen piedras.

Progreso no es sinónimo de cemento y “gran población”: urge calidad de vida. Con exceso de palabrería y mínima ejecución, Socarrás parece en campaña antes que iniciando su tercer año. Como los políticos, solo piensa en el ahora, olvidando que la madera del líder es “visionar” el mañana, y que quienes hoy lo aplauden al oído –acariciando intereses personales– serán los primeros que destruirán su legado.

Y ojo: no se trata de criticarlo para manchar su gestión, sino de llamar su atención en pro de nuestra ciudad, pues la historia, que juzga con mayor rigor que los flashes del momento, pasa cuenta de cobro cuando ya no se puede hacer nada.

No todo son pérdidas. Hay una primavera democrática: las organizaciones sociales ya no se intimidan ante los dirigentes, la base de victimización bajó un 10% y se han alfabetizado 10.600 ciudadanos.

Pero es irónico que, entre los candidatos a las próximas elecciones, no destacan ni siquiera dos, lo que evidencia la carencia de líderes en la región.

@sanchezbaute

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