Para quienes aman a Dios, todo contribuye para su mayor bien: Dios endereza absolutamente todas las cosas para su provecho, de suerte que aún a quienes se desvían y extralimitan, los hace progresar en la virtud, porque se vuelven más humildes y experimentados.

SAN AGUSTÍN

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jueves, 6 de junio de 2013

BITÁCORA DE UN UNIVERSO FERMENTADO

DÍA 1.
Y ante todo la duda
Porque al no encontrarse, se encerraba.
Pero al mirarse termino brillando
y lo descubrió todo – o casi todo –
Naciendo en él la bipolaridad.

Entre oscuridad y luz, vuelve al principio
A preguntar el ¿por qué?
¡Que desgracia! Vuelve la duda.

DÍA 2.

Apareció nuevamente, esta vez rodeado de Él
Naturaleza pura, olor a vida, destilación del alma
La esencia máxima del infinito.

Allí, encontrándose en el verde lugar
Siguiendo el camino hacia el azul
Para deslumbrar el amarillo
Que si tardaba unos minutos se convertiría en rojo
Pero anhelando volver a ver al negro
aunque ya sus ojos lo habían conocido.

DÍA 3.

Ciego se estremeció pero no temió,
Paso tras paso rechazando las anomalías del clima
Pudo ver por primera vez que no estaba solo
Entonces recorrió sin parar el firmamento
Anonadado grito eufórico: ¡Ahora somos hermanos! ¡Hermanos Verdes!

DÍA 4.

Una sonrisa cubrió su rostro momentáneamente
Era algo nuevo, poco normal como los últimos sucesos
Jamás se imaginaba la abundancia de luz que lo cubría
Aun cuando sus pasos solían ser más rápidos
Se vio obligado a cambiar
Y se adaptó a lo desconocido
Para dejar la soledad y llenarse de magia.

DÍA 5.

¿Cómo distingues la realidad de la fantasía?
A punto de caer en ese abismo
Solo tuvo un espacio para gritar, así fue que los encontró
Millones de ellos, en un lenguaje no entendible
Dedicados a vagar en una sola dirección
y lo acompañaron en la caída pero no tocaron fondo
él solo se sumergió
y al sentir que lo miraban otros seres
volvió a nacer, de las profundidades.

DÍA 6.

Entro en una nueva etapa de tensión
La mente solía caminar sola y eso era agradable
La incomodidad surgió cuando ya no había soledad
Solo ruidos y más ruidos, ¡qué extraña sensación!
Deseaba volver atrás, pues aunque no podía separarse
Sentía escalofríos de seguir allí.

DÍA 7.

El día en que concibió su relajación se había vuelto un marasmo
Ruidos, centellas, todo lo estremecía
Decidió correr a pesar de los grandes tropiezos
Porque sabía que si caía ya todo estaba perdido
Y en ese tiempo la panacea había culminado.

Con su último suspiro subió a la montaña
Buscaba silencio, y logro silenciar el alma
Porque en lo alto del panorama entendió todo sentimiento
Su extinción junto a un universo fermentado.

Autor. Luzmila Romano